Diálogo

Poco tiempo antes de la asunción de Eduardo Duhalde, el Episcopado argentino ya había dado muestras de preocupación por el cauce de la crisis. La Iglesia se manifestó llamando a la conciliación y, esencialmente, a dar respuestas a la desesperante situación social que sufría el país.

La creación de la Mesa del Diálogo fue la respuesta adecuada de los Obispos a la debilidad de los partidos políticos y la crisis dirigencial.

El presidente Duhalde, luego de ser elegido por una amplia mayoría parlamentaria y definir su propósito de liderar un proceso de transición, convocó al diálogo a las diferentes fuerzas del país, apoyándose en la iniciativa de la Conferencia Episcopal Argentina. La Iglesia se ofreció como ámbito espiritual y animador del ejercicio para “rehacer los vínculos sociales de los argentinos”, mientras que el PNUD contribuye con toda su experiencia y capacidad técnica y profesional en la organización, gestión, análisis y logística.

La tarea del Diálogo Argentino reclamó mucha comprensión y paciencia. A pesar de las dificultades del momento, cumplió una labor excepcional y ayudó a generar un clima de mayor comprensión de la magnitud de nuestra crisis y de la tarea que cumplían los funcionarios del gobierno y las organizaciones civiles para enfrentarla.

Una de las principales tareas que cumplió, en simultáneo con el gobierno, fue acordar las condiciones que establecieron la naturaleza del Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados.

EL DIALOGO ARGENTINO EN EL DISCURSO DEL DOCTOR EDUARDO DUHALDE ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA AL ASUMIR COMO PRESIDENTE DE LA REPUBLICA – 1 de Enero 2002 (Se incluyen a continuación los primeros párrafos del mensaje presidencial):

Honorable Asamblea Legislativa; querido pueblo de mi patria: he sido designado por esta Asamblea Legislativa para ocupar la Presidencia de la Nación hasta el 10 de diciembre del año 2003.

Asumo con el firme propósito de cumplir con la palabra empeñada en estas circunstancias que llaman a la entrega y al sacrificio de todos los argentinos. Como ustedes saben, a partir de la renuncia del doctor De la Rúa, consideraba que la responsabilidad en el ejercicio de un gobierno de transición es incompatible con la pretensión de competir por una candidatura presidencial en el año 2003. Por lo tanto, me comprometo a realizar un gran esfuerzo personal para resolver la crisis y poder transferir la banda presidencial a otro ciudadano electo por la voluntad del pueblo argentino dentro de dos años.

Hace pocos días respondimos al urgente llamado a la responsabilidad formulado a la dirigencia política por la Conferencia Episcopal Argentina. La Iglesia prestó el ámbito de Cáritas, donde con el concurso y asistencia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, comenzamos a transitar un proceso de diálogo nacional capaz de  cambiar la dirección que llevó al país a este angustioso presente.

Desde mañana, sin delegar la responsabilidad en la recuperación de la paz social que me compete y la tarea que debo realizar, estaremos trabajando juntos con las fuerzas políticas, empresariales, laborales y organizaciones no gubernamentales en la elaboración inmediata de un programa de salvación nacional. Participar de ese abierto proceso de diálogo, es afirmar que queremos mirar de frente a cada argentina y cada argentino y decirles que conocemos sus angustias y desesperanzas y que estamos dispuestos a salvar solidariamente la Nación recuperando la dignidad de cada miembro de la comunidad.

No son horas de festejos las que corren. Sin embargo, son horas de esperanza, porque estamos asistiendo a una experiencia inédita en nuestra vida política que es la formación de un gobierno de unidad nacional construido por sobre las banderías políticas y los intereses partidarios que constituye un preciado reclamo de nuestro pueblo.”